¿Cita con la Muerte?

Cuando ya mis esperanzas estaban menguadas una llamada al celular a las diez de la noche revivió en mi una ilusión “se acaba de morir alguien en el Auxilio Mutuo, lo voy a recoger, te espero en la funeraria”. Me sentí inhumana porque estaba feliz por lo acontecido, pero esto era el precio de mi trabajo final de clase.

Fui recibida en la puerta de la funeraria como si estuviera a la entrada de un hotel, no muy lejos de la realidad sólo que este lugar hospeda a personas que ya pasaron al mas allá. Entre el frió, el silencioso lugar, mi miedo, y mi inseguridad, sentí como mi corazón se estremecía al saber que en pocos minutos iba a observar la preparación del cuerpo de alguien; que quizás en vida fue un gran abuelo, un gran hermano, un buen hijo o ciudadano.

Caminamos hacia ese recoveco donde el aire hedía a formalina, allí en ese espacio mal oloroso a las once y diez de la noche tuve un encuentro que jamás he de olvidar. Detrás de unas cortinas negras se encontraba el cadáver de un viejo hombre que parecía una estatua de cera como esas que se exhiben en el museo de Maddame Tussaud.

Tenía una nariz perfilada, unas orejas anchas y grandes; su color de piel ,tan blanco como la harina, era opacado por los moretones que tenía en su brazo y pie izquierdo. Los dedos de sus pies estaban separados como si hubiese muerto luchando por sobrevivir.

Pensé que era fuerte, que nada de esto me iba a impactar, pero que equivocada estaba.

 

El embalsamador al verme no sonrió, pensé que mi presencia lo perturbaba, pero no, bajó su cabeza y continuó, en fin para él tan sólo era un muerto más, pero para mí significaba una nota, una experiencia nueva que me costó varias horas de sueño.

Con guantes en las manos y sin ninguna expresión en su cara comenzó el proceso. Lavó y desinfectó al septuagenario que estaba colocado en una camilla de metal fría, como la ciudad de Chicago en plena temporada invernal.

Ante mí mirada atónita un instrumento afilado en su cuerpo incrustó. La inyección arterial, como ellos le llaman, le extrajo  la sangre al cuerpo que serenamente aceptó todo tipo de trato. No podía quejarse, sus últimos lamentos los había dados unas horas antes.

El hombre rodeado de mangas, que con el pasar de la sangre simulaban venas plásticas, fielmente esperaba mientras su sistema arterial irónicamente era vaciado de sangre y llenado a su vez con formalina.

Cuando vi esa escena ingenuamente pensé que lo peor había pasado, pero en realidad lo malo estaba por comenzar.

Su brazos estaban hinchados y presentaban marcas de pinchazos de agujas que se ´camuflageaban´ entre el exceso de lunares que tenía en su cuerpo.

Su tórax estaba elevado como si hubiese intentado dar un último respiro, pero como para cada problema hay una solución el “momificador” hizo una incisión en el vientre y seguidamente le introdujo un instrumento de metal, conocido como trocar, que ayudó a vaciar su cavidad toráxica, o sea, a desinflarlo.

Mientras metía y sacaba ese instrumento una y otra vez, el sonido que producía me desconcertó, por unos segundos me trasladé a mí infancia a esos momentos en que mis padres me compraban piragua. Sí, así exactamente sonaba, como cuando raspan el hielo para hacer piraguas. Su barriga, luego de ese procedimiento, era un pedazo de carne más, flácida, arrugada como si le hubiesen acabo de hacer una lipoescultura.

En todo momento intenté conservar la calma y utilicé todos los recursos habidos para mantener mi aspecto inmutable, en ocasiones lo logré, en otras confieso me fue imposible, mis ojos que siempre han sido pequeños en ese momento perdieron su forma original.

El especialista estaba tranquilo, los años de experiencia no pasan en vano, pero yo, sin querer poner mis nervios a prueba, comencé a sudar, aún cuando a mi lado había un abanico.

Con esa calma que lo caracterizó durante todo el procedimiento, le abrió el cuello con un bisturí, el sonido fue igual a como hace la envoltura de un juguete nuevo. Mi estómago, de por si revuelto por el olor a formalina, que ni los ventiladores de aquel cuarto podían combatir, tenía una lucha constante al ver en su interior una masa rosada que pensé iba a salir.

Comenzó a rellenar de algodón el cuello del mortal como si en sus manos tuviese una muñeca de trapo, así sucesivamente continuó con la nariz y la boca. Luego de abrirlo lo coció con una aguja ancha, parecida a las que se utilizan en acción de gracias para cocer el pavo.

La mirada fría del experto en muertos me asustaba, estaba esperando una reacción en mí, y por supuesto, en ese momento no le di el gusto.

Viró al occiso hacia mí y sentí su mirada penetrante, a mí que nada le he hecho, sólo invadía su derecho a ser arreglado como la puerca de Juan Bobo.

Luego de pegarle los ojos y la boca intentó unir sus manos, pero estas se negaban a estar así, y cayeron fuera de la camilla. Quizás el orgullo no se nos va ni en la muerte, pues ni muertos queremos cruzar los brazos tan fácilmente.

Esas manos que quizás años atrás fueron alzadas para luchar, para trabajar o para acariciar, hoy están tendidas en medio de un lugar frío, rodeado de camillas y lavaderos, esperando al día siguiente para ser recogido y llevado a velar.

Al salir del lugar fúnebre, tuve una cita con la muerte, en mi mente repetía que el día en que me muera no quiero ser velada ni preparada en un cuarto frío con olor a formol, será mejor que me cremen ,  el olor a cenizas huele mejor.

 

 


 

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3 thoughts on “¿Cita con la Muerte?

  1. Hola, me encanto el reportaje y no tan solo eso me quede solprendido, de el todo el proceso de embalsamacion, y de ti te admiro por ser tan valiente creeme q en mi caso na mas de ver q le abrieron el cuello ubiese vomitado, pero tu reportaje me facino y en verdad te deseo exito y siempre estoy y estare muy orgulloso de ti

  2. Que dramatica eres!!!!! Anyway esta bueno, you know jonny the hotty your friend forever.
    Angel Luis aprende a redactar!!!!

  3. Dios mio Yara, que experiencia, pobre de ti. Leyendo esto pense muchas cosas y reaccione de diversas maneras. Entre eso pense que jamas volvere a comprar piraguas. Pero, nada, a ver si esta noche no sue~no con… Ay nena, te felicito por tu blog y por el talento que Dios te ha dado para escribir.Te quiero mucho, Dios te cuide.

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