MeMoRiAs DeL aYeR

“No hay nada hecho por el hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya”

-Marco Tulio Cicerón

En Brasil lo conocen como Pião, en Colombia como cuspe, en Alemania es un kreisel, en España tan sólo es un peón, pero en Puerto Rico es el trompo.

A pesar de que este objeto no tiene el mismo impacto en los niños de hoy, anteriormente era uno de los juguetes de mayor popularidad entre los chicos.

En la actualidad muchos son los que compran a precios altos un juguete o una nueva tecnología que les ofrezca diversión, mas sin embargo en el pasado para entretenerse no era necesario gastar tanto, tan sólo bastaba tener creatividad, dedicación y en ocasiones necesidad.

Nada volverá a ser como antes

Sentada en su sillón evocando su niñez, María Antonia Camacho Concepción de 73 años, se vivía cada segundo que recordaba de esa época que “jamás volverá”.Ese tiempo donde los juguetes como el trompo, hechos con sus propias manos o la de sus amigos, fueron su única fuente de entretenimiento.

“Cuando había dinero comprábamos los trompos a tres centavos pero cuando no teníamos (dinero), picábamos un pedazo de palo, le dábamos forma y en la parte de abajo le poníamos un clavo para que sirviera de punta”, explicó Camacho Concepción con la mirada perdida entre recuerdos, anécdotas y su antiguo Puerto Rico.

Aunque para muchos la tecnología llegó para bien para “toña”, como es conocida en el barrio Espinosa de Dorado, estos avances han destruido la niñez pues los juegos tradicionales como el trompo han sido sustituidos por Xbox, Playstation, Gameboy y Computadoras. Recalcó que estos “nuevos juguetes” han provocado la extinción de estos “juegos sanos que además de entretener ayudan en el desarrollo y la salud de lo niños”. A pesar de haber tenido una niñez acelerada, porque comenzó a trabajar desde muy chica, siempre sacaba tiempo para hacer muñecas de trapo y “tirarme por el monte con la yagua”, agregó la abuela de tres nietas.

Por su parte, Rafael Rodríguez Labiera, Ingeniero Agrimensor de 76 años, recuerda con afán las tardes de reunión con sus amigos, en el Barrio Villa Palmeras en Carolina, luego de regresar de la escuela para jugar trompo, volar chiringa, jugar a la raya, bolines y pelota.

El juego era lo que unía a estos niños quienes se las ingeniaban para conseguir maderas, clavos y cabuyas (hilo para tirar del trompo) para poder hacer el juguete. Estas artesanías los mantenían animados todo el día hasta que “sonaba la sirena”, momento en que todos los niños tenían que correr hacia sus casas porque luego de las nueve de la noche ninguno podía estar afuera, recordó entre risas el ingeniero.

A esa infancia le rinde culto porque “no era empañada por juegos violentos como a los que están expuestos los niños en la actualidad, donde lo que se ve son matanzas”, aseguró Rodríguez Labiera, quien disfrutaba de jugar “carnicería”, juego donde se declaraba ganador el niño que le diera mas `puasos` al trompo del contrincante.

Por otro lado, Teresa Ledoux Lesi de 79 años, además de gustarle el trompo, pasaba las tardes cantando con sus amigas en juegos como “Doña ana no esta aquí” y a la peregrina pues asegura que “los nenes eran los más que jugaban trompo porque en este juego las manos se perjudicaban por las puntas de clavo”.

Orígenes del trompo

No se sabe exactamente cuando se creó este juego pero, gracias a algunos ejemplares que se encontraron elaborados de barro en la orilla del río Eufrates, se estima que el trompo data del año 4000 A.C. Además se conoce que los romanos y los griegos utilizaban este elemento como juguete, de igual manera lo hicieron las culturas de oriente. Los encargados de introducir el trompo a occidente fueron China y Japón, y hasta en los textos literarios más antiguos se han citado el juego como lo hizo el poeta latino, Virgilio, en “La Eneida”.

Tipos de trompos y como se juega

Actualmente hay más de 1.000 tipos de trompos en el Japón y van desde los más simples a los más elaborados, pasando por tamaños que van desde los 0.5 milímetros hasta los 90 centímetros. Aunque existen trompos de todo tipo de materiales y modelos como los que tienen luces y música, el tradicional es el de madera y cabuya.

El trompo está realizado con una pieza de madera en forma puntiaguda, parecido a la pera, con una punta de metal sobre la que se hace girar. En la parte superior tiene una especie de cilindro chato, llamado espiga, que sirve de apoyo para enrollar el hilo.

Para lograr que el trompo gire, se enrolla el hilo desde la punta hacia la espiga, y luego se lanza al trompo al suelo. Cuando cae comienza a girar sobre la punta, con un ritmo y duración que varían según el tipo de trompo, el impulso que se le haya dado, y la superficie sobre la que está “bailando”. Luego comienza a inclinarse hacia los costados, hasta que pierde su movimiento, y queda como se dice “muerto”.

Para poder ganar una competencia hay que aprender a levantar el trompo utilizando como pinzas, el dedo índice y el del corazón, para depositar el juguete en la palma de la mano y dejarlo caer encima de los otros trompos,”darle manteca” como es conocido entre sus practicantes.

Así como da vueltas el trompo, la vida da giros inesperados. No obstante, estos eternos niños, aunque ya no tienen sus queridos juegos, no dejan en el olvido los recuerdos, las alegrías, la satisfacción que en medio de la escasez un juego tan simple como el trompo les dio. Mientras los niños del presente gozan de la tecnología, los niños del pasado gracias a las memorias del ayer disfrutarán a diario de sus entrañables juguetes.

 

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