“Vamos caminando, vamos dibujando…”

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Un viaje cambia algo o cambia todo.

Una parte de tu ser,de lo que eras-o de lo que fuiste-la dejaste en el lugar caminado. Un viaje como el ácido te carcome, se mete en tu sistema, te despedaza, te rompe, al menos,  así fue el efecto en mi. Ese fue mi viaje o esos han sido los míos.

Puedo decir que soy y no soy, y me encanta ser esto.

Es mentira  eso de que “sigues igualita”. Nadie sigue igual, nos pasa la vida y eso es suficiente. Reformar lo que nos rodea para adaptarnos, para no sentirnos en un pantalón pequeño o en uno gigante. Intentar poner  las cosas a tu medida-o al menos a una en que te sientas cómoda/o. En esas estoy,y me siento bien.

Hay mucha gente que viaja y es como si no lo hubiese hecho, poco dejan que la culltura, lo otro le influya… ¡Tanto que se pierden¡ Es muy rico ser de aquí y de allá. Sentir uno o dos lugares como tu casa, o los que vengan. Mucha gente  sólo tiene para decir que rumbearon/jangueraon o se embriagaron en X lugar, sólo eso. Eso es parte,si quieres, pero no lo es todo, al menos para mí.

Viajar,desplazarse,transportarse,moverse,trasladarse de un punto a muchos porque el segmento, ese símbolo geométrico, se queda corto para explicar el viaje, al menos el mío.

Me descubro, re-descubro y me encanto.

Quien me quiera no me tiene que entender  del todo,sino moverse conmigo y/o encontrar su movida también. A fin de cuentas, eso somos, seres cambiantes.

Pisando: Colonia (Uruguay)

Pisando: Colonia (Uruguay)

 

La emoción se fue en el tren

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia-Enrique Jardiel Poncela

 

Viajemos

Abrí los ojos y tuve ganas de volar, de correr, de salir huyendo. Abrí los ojos y y pensé “no estoy haciendo lo que imaginé”. Y me llegó la nostalgia, una y otra vez, del sonido del tren que me hacía sentir ciudadana del mundo. Y me llegó la nostalgia del marchar, de la caminata incesante, de los pies inquietos, del aprendizaje del porque sí, del conocimiento necesario sin razón alguna. De las experiencias que me dieron una nueva vida, de la vida llena de días de aventura, de la vida llena de alegrías ,a pesar de la nostalgia del destierro, de la vida, tan bien vivida que hoy no tengo.

Y al escribir se llenan mis ojos de melancolía, de una sensación que me aprieta el pecho. Y no me queda más que verter palabras de tristeza, ante el estancamiento que hoy siento, ante el encierro entre mares que adoro , pero que me aísla de lo que amé. Y no se tome por mal mis palabras, que bastante amo la tierra que hoy piso, que bastante disfruto pasearme entre sus costas, entre mares, entre buenas charlas y luchas, entre los míos y los no tantos, entre los grandes amigos que esta vida me ha dado el privilegio de conocer.

Y crece en mí este volcán de nostalgia que se exacerba ante la erupción de injusticias que pone en peligro a mí pueblo, y crece, ante la poca conciencia de lo cultural, de la importancia de las artes, de lo grande que podemos ser aquellos que preferimos amar las letras en vez de los números, ante el vaivén y la ruleta rusa con la que juegan con la educación, ¡con la herramienta más poderosa que tiene un individuo¡, ¡con la herramienta que me alejó de los males que corroen el barrio donde crecí¡.

A ratos me llega la calma, y no ha sido necesaria píldora alguna para esta situación sino mis ganas ilusas, quizá, de hacer de mi pueblo uno mejor ,de aportar en causas mías- y las no tan propias- tan sólo porque sí. Necesito viajar, no es un lujo, no es un capricho, necesito viajar, es una necesidad, es un deber con mí ser y con el pueblo, porque crecemos, crecemos para bien en el viajar. Quiero peregrinar como Bayoán aunque sea en una pequeña barca, no hacen falta lujos sino ganas. La emoción se fue en el tren, la buscaré en algún anden de alguna ciudad.

Dedicado a todos aquell@s que soñamos con el viaje,con movernos, con ser de  algún destino, tan sólo ser.