Desde Bogo-tá

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Desde finales de enero ando por Bogotá. Colombia ha sido un escape necesario ante las incertidumbres de la vida, una conexión con latinoamérica necesaria ante la tan fragmentada relación de mi Isla con este rico universo, con estos pueblos. Y la experiencia se engrandece al conocer gente maravillosa que te acoge siendo un/a extraño/a, con otro acento, con otra cultura, con otras manías y costumbres.No obstante, te hacen sentir en casa. Me he gozado esto a mi manera, con mis tiempos y pausas, pero con los ojos abiertos y los pies dispuestos a la aventura, al camino constante, andante, difícil y excitante. De vez en cuando me tomo un respiro, suspiro, rio, me pienso, me siento, me paro, me acuesto, y comienzo -o recomienzo.Todos los días son distintos en otra ciudad; todos, aunque me quede en la cama.

El/la extranjero/a siempre mira con otra óptica;creo que esto de ser extranjera me gusta:

Cambiar de ciudad,moverse.

Escuchar nuevas palabras, reírse.

Comer un nuevo menú,jartarse.

Vivir,pues.


Mi universo nunca será igual, me alegro de haber venido, ¿y por qué no?, me alegra que estés aquí. 

“Vamos caminando, vamos dibujando el camino”-Calle 13.

Cusco, Perú

Un abrazo a tod@s l@s lectores, desde acá, con el mismo amor.

La emoción se fue en el tren

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia-Enrique Jardiel Poncela

 

Viajemos

Abrí los ojos y tuve ganas de volar, de correr, de salir huyendo. Abrí los ojos y y pensé “no estoy haciendo lo que imaginé”. Y me llegó la nostalgia, una y otra vez, del sonido del tren que me hacía sentir ciudadana del mundo. Y me llegó la nostalgia del marchar, de la caminata incesante, de los pies inquietos, del aprendizaje del porque sí, del conocimiento necesario sin razón alguna. De las experiencias que me dieron una nueva vida, de la vida llena de días de aventura, de la vida llena de alegrías ,a pesar de la nostalgia del destierro, de la vida, tan bien vivida que hoy no tengo.

Y al escribir se llenan mis ojos de melancolía, de una sensación que me aprieta el pecho. Y no me queda más que verter palabras de tristeza, ante el estancamiento que hoy siento, ante el encierro entre mares que adoro , pero que me aísla de lo que amé. Y no se tome por mal mis palabras, que bastante amo la tierra que hoy piso, que bastante disfruto pasearme entre sus costas, entre mares, entre buenas charlas y luchas, entre los míos y los no tantos, entre los grandes amigos que esta vida me ha dado el privilegio de conocer.

Y crece en mí este volcán de nostalgia que se exacerba ante la erupción de injusticias que pone en peligro a mí pueblo, y crece, ante la poca conciencia de lo cultural, de la importancia de las artes, de lo grande que podemos ser aquellos que preferimos amar las letras en vez de los números, ante el vaivén y la ruleta rusa con la que juegan con la educación, ¡con la herramienta más poderosa que tiene un individuo¡, ¡con la herramienta que me alejó de los males que corroen el barrio donde crecí¡.

A ratos me llega la calma, y no ha sido necesaria píldora alguna para esta situación sino mis ganas ilusas, quizá, de hacer de mi pueblo uno mejor ,de aportar en causas mías- y las no tan propias- tan sólo porque sí. Necesito viajar, no es un lujo, no es un capricho, necesito viajar, es una necesidad, es un deber con mí ser y con el pueblo, porque crecemos, crecemos para bien en el viajar. Quiero peregrinar como Bayoán aunque sea en una pequeña barca, no hacen falta lujos sino ganas. La emoción se fue en el tren, la buscaré en algún anden de alguna ciudad.

Dedicado a todos aquell@s que soñamos con el viaje,con movernos, con ser de  algún destino, tan sólo ser.